jueves, 20 de agosto de 2015

Imaginación es la facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales.

Controlar la creatividad es  aprender, como el equilibrista,  a caminar sobre un cable.

Podemos definir al acto de jugar como de: Entretenerse y  divertirse tomando parte en juegos con o sin  reglas.

Jugar es usar la imaginación, y esta es –según la Real Academia- la facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales.

Jugar es liberarse, es ser y hacer por puro placer, es una actitud, una forma de hacer las cosas fuera de toda regla y jerarquía, donde todo resbala y se combina libremente. Es la manifestación más pura de la libertad, donde los cielos pueden ser colorados y se desafían las versiones “normales” que las reglas imponen. 
Si hubiera personajes que representan  en la obra,  estos  pueden dejar de tener forma humana para reflejar el juego del pintor libre,  adoptando cualquiera. Como los cuentos  de Ray Bradbury  donde en tercera dimensión la familia se mostraba como pirámides azules de distintos tamaños.

¿Cuál es el propósito del juego creativo?  Es lo contrario de sostener una idea más allá de lo razonable, es provocar un estado de plena y pura imaginación.
¿Y cual es el motor más potente?  El disparador siempre es nuestro niño interior, ese ser risueño de ojos vivos  que vuelca en el proceso del juego libre cuanta idea viaje de su mente a su boca y a sus manos sin temores ni miedos ni vergüenza.

¿Entonces, en el adulto, la creatividad cuándo llega? Llega cuando el individuo es lo suficientemente maduros como para permitirse ir a su interior y arrodillarse junto a su niño interior intacto y puro y comenzar a jugar.

Cuando lo logra se siente como una piedra que toca el agua quieta y un sinfín de círculos concéntricos viajan hacia afuera liberando infinitas ideas,  que solamente estarán  disponibles para aquellos que estén listos para ver.

Pensemos a la creatividad como  tensiones  contrapuestas donde el fluir encontrará obstáculos.


Controlar la creatividad es aprender, como el equilibrista,  a caminar sobre un cable. El aprendiz  juega de forma consciente con las fuerzas, el peso tanto el de la barra como el  propio y la posición de los pies. Y para lograr el objetivo de mantenerse en pie sobre el cable y caminar hacia el extremo opuesto siempre, SIEMPRE debe fijar  la mirada en la meta. Ni en el cielo, ni en el piso,  ni en los pies, ni en el cable, sino  solamente en la meta.

Mantener  la mirada en nuestros objetivos es como una mira telescópica que apunta de forma certera al lugar , objeto o acción al que queremos llegar.

¿ Y que pasa cuando esa creatividad se transforma en ideas concretas con posibilidades ciertas de ser implementadas?   Entonces ocurre lo que al equilibrista:  el juego lo llevó a dominar la técnica y sobreviene la confianza,  la alegría, la risa que libera la energía creativa y creadora.

El equilibrista exitoso entonces va por más.